Cuento: El cangrejo volador

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El siguiente cuento fue creado por el escritor cubano, Onelio Jorge Cardoso. “El cangrejo volador” es una historia en donde los niños aprenderán a que siempre deben luchar por sus sueños y jamás rendirse.

El cangrejito volador

Había una vez, un pequeño cangrejo que se encontraba haciendo un gran hueco dentro de la arena. Estaba trabajando muy duro para que en un día pudiera terminar su nueva casita.

Pero de repente, una paloma se le acercó y comenzó a platicar con el cangrejo. Le dijo:

¡Woah, que bonito va estar ese pozo! A este paso si lo vas a terminar en un día.

El cangrejo se sorprendió por esa respuesta, así que levantando sus pequeños tarritos (un tarrito es la parte delgada y larga que sostienen sus ojos) y de una manera bastante tranquila le respondió:

— No paloma, este hoyo no es un pozo, es mi nueva casita y necesito terminarla hoy mismo.

¡Cómo crees! — exclamó con mucha fuerza y mucho asombro la paloma — ¿es enserio que vas a vivir en ese hoyo?

Pues si, es mi casa — respondió el cangrejo manteniendo la tranquilidad.

¿Cómo es posible esto? ¿Enserio vas a vivir en ese hoyo feo y oscuro? — dijo la paloma.

Si, esta es mi casa y no debería decir esas cosas sobre mi nuevo hogarrespondió el cangrejo con un poco de tristeza.

Pues es que dime ¿te parece poco llamarle casa a un agujero en la tierra? Escucha, tu puedes vivir en cualquier lado ¿por qué no intentas vivir en la rama de un árbol? es mucho mejor que un pozo oscuro y feo.

Mire señora paloma — dijo dignamente el cangrejito — ¿si sabe que está hablando con un cangrejo? yo no soy un pájaro y mucho menos puedo volar.

¡Pero eso que importa! ¡Tu eres un cangrejo con mucha voluntad!

¿Un cangrejo… con mucha voluntad? — se dijo así mismo el cangrejito mientras sus ojos miraban directamente al cielo — ¿en serio será posible eso?

Sin embargo, el pequeño cangrejo se entristeció rápidamente al recordar que todos los cangrejos siempre han vivido así y que no ha visto a ninguno viviendo en un árbol.

¿A poco te vas a pasar toda la vida bajo tierra? — dijo la paloma, intentando animar al cangrejo.

Es que toda mi familia ha vivido así durante toda su vida y no creo que eso cambie.

Si me imagino como ha de ser tu familia, pero ¿a poco porque un cangrejo empezó la tradición de enterrarse bajo la arena, significa que todos lo deban hacer así siempre? ¿en tu familia no hay aspiraciones, sueños y metas que quieran cumplir? — respondió la paloma intentado retar al crustáceo.

Bueno, hay cangrejos, pero todo lo demás que dijiste no lo creo, al menos no que sepa yo.

Entonces tu serás el primer cangrejo que además de tener aspiraciones y metas, vivirás en un árbol — dijo la paloma.

¡Cómo, en serio viviré en un árbol?

Si, tu serás el primero de tu especie.

Pero en serio señora paloma, no puedo hacer eso. Mi abuelo me mandó hacer mi nueva casa ya que dice que es hora de vivir aparte como todos los cangrejos.

Pues si, pero explícame ¿que tipo de casa estás haciendo?

La mía, ¿cuál otra casa estaría haciendo? — respondió el cangrejo.

Pues ese hoyo no le puedes llamar casa ni mucho menos hogar porque ¿cuándo has visto una casa sin puerta ni ventanas?

— No, tiene razón, nunca he visto una casa así.

Y ¿cómo le vas a hacer para que entre la luz del día si no tienes ninguna ventana? — cuestionó la paloma al cangrejo.

En eso tiene razón, la verdad es que no se puede — dijo el cangrejo con tristeza en sus ojitos.

Y suponiendo que puedas arreglar ese problema ¿como le van a hacer los pájaros para cantar en tu hogar cuando llegue el verano?

— No… pues no van a poder.

Entonces ya está listo, debes construir tu nueva casa en un árbol muchacho —respondió la paloma con mucho entusiasmo.

¿En serio? la verdad no sé si podré hacerlo.

Tu no te desanimes, yo sé que tu podrás, solo debes escoger la rama más alta de algún árbol, pino, júcaro o dagae y ya podrás crear tu casa.

¡Ah, entonces ¿viviré en un nido no? — preguntó el cangrejo algo confundido.

SI, exacto. Tu nuevo hogar será un nido en las ramas del árbol más alto. De día estarás cerca del sol y de noche cerca de las estrellas.

¿En serio? ¡Eso sería genial! En el fondo, todos los cangrejos hemos querido llegar a las estrellas — no obstante, al decir esto, el cangrejo se entristeció y dijo — pero… solo soy un cangrejo.

Déjate de tonterías ¡Tu puedes ser lo que quieras ser! — le dijo la paloma intentando convencer por última vez al cangrejito — En ti queda decidir si quieres ser un crustáceo con voluntad o no.

Y como si ya se hubiera cansado de tanto hablar, la paloma estiró sus alas y salió volando por encima del pequeño cangrejo, quien la siguió mirando con los tarritos de sus ojos hasta que se perdió con el viento.


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Sin embargo, lo que le había dicho la paloma se había quedado muy arraigado a su ser, por lo cual ya no podía seguir cavando el hoyo. Así que esa misma tarde se decidió todo, pero antes fue con su abuelo para contarle su grandiosa idea.

Abuelo, no voy hacer mi casa en la playa

¡Que dices! — exclamó el abuelo, de tanto asombro, hasta se le cayó la comida de la boca.

Si. voy a vivir en la rama del árbol más grande.

¡Ay mijito! — respondió el abuelo, mirándolo muy preocupado — ¿Qué fue lo que comiste que te hace decir tanta tarugada? Debes tener cuidado con las hierbas que comas.

No abuelo, no fue ninguna hierba. Lo que pasó es que hable con la paloma…

¿Con esa loca que solo dice incoherencias? — dijo el abuelo más preocupado aún.

Me dijo que no necesito vivir bajo tierra porque me perderé de las mejores cosas estando encerrado ahí.

Pues, puede que tenga un poquito de razón, pero debes tener en cuenta que tu eres un simple cangrejo le dijo el abuelo intentado convencer a su nieto de que eso es una muy mala idea.

Soy un simple cangrejo que podrá vivir cerca de las estrellas — dijo el pequeño cangrejo, muy seguro de su decisión.

Pero ¿que diablos de casa será esa? Tu no podrás vivir ahí porque no eres un pájaro. Por favor entiéndelo.

Será mi nido abuelo y no necesito ser un pájaro para vivir allí — dijo el pequeño cangrejo intentado convencer a su abuelo.

¿Tu nido? ¿Y donde están tus alas? las necesitas para poder subir ahí — respondió el abuelo algo enojado.

Pues no sé, tal vez con el tiempo me sal…

Pero esta vez el abuelo no lo dejó terminar — muchacho, mientras tu seas un cangrejo, no hay ala o pluma que te vaya a salir. Cangrejo naciste y cangrejo morirás.

Pero el pequeño cangrejo estaba dispuesto a seguir su sueño de tener su nido en un árbol. Se fue solo al bosque y escogió el árbol que le pareció más grande y frondoso de todos.

El trabajo fue bastante difícil, pero no estaba dispuesto a rendirse. Tuvo que subir y bajar el árbol muchísimas veces para construir su nido. No obstante, y sin miedo a caerse o lastimarse, se echó a la espalda los palitos secos, las bolsas de resina y todo el material que necesitaba para hacer su nueva casa.

Subía y bajaba clavando sus pequeñas patitas en el tronco… lo hizo tantas veces que al pasar algunas horas ya había marcado un caminito de puntos en la corteza del árbol.

Ademas del enorme trabajo de subir y bajar ese gran árbol y del peligro que corría de hacer esa hazaña, los otros animales del bosque se le quedaban viendo y le decían:

Viejo, tu si que estás loco. Un día de estos te vas a caer, ya deja de hacer tonterías.

Sin embargo, el pequeño cangrejo ni respondía. Subía y bajaba de manera lenta, pero segura. Iba firme, sin ceder. Poco a poco su nido comenzó a tener forma.

Por su parte, el abuelo se encontraba muy triste porque su nieto al que tanto quería le había salido loco y safado de un tornillo. Era el primer loco de la familia.

Pasaron los días y por fin, una mañana, el cangrejito pudo terminar su nido. Ya se había corrido la voz entre todos los animales, el cangrejo que construía su nido era de lo único que se hablaba. Así que en el gran día muchísimos animales fueron a ver con sus propios ojos la nueva casa del cangrejo. Estaban asombrados, era algo que nunca creyeron que fuera posible.

En ese mismo día, pero al atardecer, fue que por primera vez, el cangrejito sintió sueño. Le pareció algo extraño ya que jamás se había sentido. Todo lo contrario, a esa hora es cuando los cangrejos salen a pasear y los pájaros se posan para dormir.

No pasaron ni 5 minutos y el pequeño cangrejo se quedó profundamente dormido. Pasó la noche con sus miles de estrellas, era la primera vez que se perdía esa maravillosa vista nocturna.

Al otro día, cuando el sol comenzaba a asomarse, el cangrejito se despertó y sintió como si no cupiera en el nido. Primero abrió uno de sus ojitos y después el otro. Miró a su derecha y quedó mudo del asombro; después miró a la izquierda y ya no podía de tanto asombro: ¡Dos alas! ¡Dos enormes alas blancas le salían por los costados!

Le habían crecido durante la noche y eran larguísimas, más largas que sus tenazas. Entonces el cangrejito, sin saber si llorar o reír, las levantó, las batió ruidosamente y se lanzó de frente al viento para volar por siempre.

Desde ese días todos los animales quedaron asombrados, siempre mirando hacía arriba al ver pasar a el cangrejo volador. Ahora el abuelo decía con orgullo:

Tengo un grandioso nieto que siguió sus sueños y que jamás se rindió. Estoy tan orgulloso de él.

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