Cuento: El niño y los clavos

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El cuento: “El niño y los clavos” es un relato en donde los niños aprenderán que tener un mal genio y enojarse por todo nos puede traer muy malas consecuencias. Les servirá mucho para que reflexionen acerca de sus actos.

El niño y los clavos

Había una vez un niño que era bastante grosero y gruñón. Nada le parecía y siempre hacía berrinches y se enojaba cuando sus papás no le compraban o no hacían lo que el quería.

Los padres de este niño ya no sabían como hacerle para que su hijo pudiera controlar su mal genio. Habían probado de todo sin mucho éxito.

Sin embargo, un día, mientras el papá navegaba por Internet, vio un artículo en donde descubrió una buena idea para calmar esa cólera y berrinches de su hijo. Se puso manos al a obra y cuando tuvo todo listo, llamó al pequeño niño berrinchudo y le dijo:

Te entrego esta bolsa con clavos. Cada vez que te enojes y pierdas la calma por algo tendrás que clavar un clavo en la cerca que está detrás de la casa.

Al principio, el niño estaba confundido y no sabía como eso le iba a ayudar a calmar su enojo, sin embargo, estuvo de acuerdo con la idea de su papá.

No pasó ni un día y el niño berrinchudo ya había clavado 37 clavos en la cerca. No obstante, hacer esto era bastante agotador para él.

Así que, al día siguiente para no terminar tan cansado intentó calmar su enojo. El resultado fue que solo clavó 32 clavos en la cerca, 5 menos que el día anterior.

Y así fueron pasando los días, el niño clavaba cada vez menos clavos en la cerca, y es que se dio cuenta que era mucho más fácil intentar calmar su enojo que tener que estar realizando esta tarea tan agotadora.

Finalmente, al pasar un mes, llegó el día en que el niño no se enojó ni una sola vez y no tuvo que clavar ni un solo clavo en la cerca. Muy contento fue con su papá y le dijo:

¡Papá, papá hoy no me enojé ni una sola vez y no fue necesario poner clavos en la cerca!

Su padre, muy sorprendido y feliz por su pequeño hijo, le sugirió que ahora por cada día que no se enojará ni una sola vez, sacara un clavo de la cerca.

El niño supo que tenía una tarea muy difícil ya que en todo ese mes había clavado más de 100 clavos en la cerca. Sin embargo, no se negó y aceptó esta nueva tarea con mucho entusiasmo.

Los días pasaron y el niño finalmente le dijo a su padre que ya había logrado quitar todos los clavos de la cerca. Entonces el padre llevó a su pequeño niño hasta la cerca detrás de la casa y le explicó lo siguiente:

Muchas felicidades hijo, has logrado cumplir tu tarea de quitar todos los clavos y has conseguido controlar tu mal genio, pero fíjate en todos los hoyos que quedaron en la cerca.

El padre se lo dijo intentando hacer reflexionar a su hijo. Después de unos segundos el papá continuó diciendo esto:

Lo que quiero decir es que cuando dices o haces cosas enojado y de mala gana, dejas una gran herida en tus seres queridos, sí, así como estos agujeros de la cerca. Y no importa que tanto pidas perdón, la herida siempre estará ahí. Y una herida verbal y/o emocional es igual de dolorosa que una física. Tus amigos, así como toda tu familia que te quiere, son lo más preciado de la vida y tenemos que saber valorarlo. Todos nosotros siempre vamos a querer que seas mejor persona, te escucharemos, te daremos una palabra de aliento y siempre tendremos el corazón abierto para recibirte, pero si tu lastimas a alguien, lo más probable es que esa persona ya no te quiera de la misma manera, por eso siempre es importante no decir o hacer las cosas cuando estamos enojados ¿entiendes?

Las palabras de su papá , así como esa experiencia vivida con los clavos, hicieron que el niño por fin lograra reflexionar sobre las consecuencias de siempre estar enojado y hacer berrinche por todo. A partir de ese día, el niño dejó de enojarse por todo.

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