Relato de Terror: La chica de los ojos verdes

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En el siguiente relato leerás 2 historias que, aunque parecen totalmente diferentes, guardan una cierta conexión. Disfrútalo.

La chica de los ojos verdes

Alan conoció a una hermosa chica de ojos verdes en la fiesta. Ella era joven, como diez años menor que él, tenía una perfecta sonrisa y su cinturita inquieta lo invitaba constantemente a acercar sus manos.

Estaba muy borracha y gritaba como si estuviera celebrando su propia fiesta. Alan no podía desperdiciar esa oportunidad.


Una mujer y su pequeña hija llamada Susana habían llegado a la ciudad, estaban huyendo de un hombre que las maltrataba. Venían de un pueblo al sur de México.

En la gran ciudad no conocían a nadie, no tenían a donde ir… se encontraban totalmente indefensas, pero al menos estaban juntas, aquel hombre no volvería a lastimarlas.


Alan, después de sacar sus mejores frases de ligue, convenció a la hermosa chica de ojos verdes de ir a un lugar más privado. Abrió la puerta del departamento y la mujer entró llenando toda la habitación de su perfume Carolina Herrera.

Entre risas y coqueteos, ambos se acomodaron en un sillón aterciopelado. Alan no perdió tiempo y le ofreció una copa de su mejor vino. Al final de cuentas solo faltaba muy poco para que la hermosa mujer estuviera totalmente borracha.

Mientras las copas se vaciaban, Alan no perdió la oportunidad de admirar con mucha atención aquellas piernas blancas y la luna que se asomaba por su escote, todo eso sería solo para él aquella noche.


La mujer y su hija no tenían a donde ir, Susana le preguntó a su madre si estaba triste. La madre simplemente respondió: “No”, y aunque estaba acompañado de una sonrisa forzada, Susana sabía que su mamá no se encontraba bien.

Al caer la noche, ambas se refugiaron en un autobús fuera de servicio. Y a pesar de las malas condiciones, no tenían otro lugar mejor a donde ir.

Sin embargo, la mamá de Susana no se percató que tres jóvenes ebrios y en busca de aventuras las siguieron cautelosamente.


La hermosa mujer de ojos verdes se quitó las zapatillas con un gesto delicado y sensual. No dejaba de reírse y elogiar el gran departamento de Alan. Encendida por la borrachera, comenzó a hacer comentarios divertidos sobre los cuadros en las paredes, los palos de golf y el pequeño, pero muy completo, minibar.

Entretanto, Alan le besaba el cuello, estiraba la mano de manera lenta para poder abarcar cada centímetro de sus piernas y se reía de cada comentario de aquella mujer de hermosos ojos. Y cuando Alan casi pudo sentir la ropa interior de la mujer, ella le pidió otro trago.


La mujer acurrucaba a su hija en uno de los asientos del autobús, cuando se percató de que tres tipos ebrios se acercaban. Rápidamente levantó a su hija y la llevó hasta el fondo del vehículo, le ordenó esconderse y no hacer ningún ruido. Ella se encargaría del problema.

Los jóvenes patearon la puerta del autobús hasta que cedió. Llevaban una botella de alcohol que se pasaban el uno al otro y comenzaron un concierto de obscenidades y disparates, a los cuales solo ellos encontraban la gracia.

La mamá de Susana intentó apaciguarlos sin darse cuenta de que ella era exactamente lo que buscaban: una mujer frágil, indefensa y sola. Seis manos empezaron a desgarrar su ropa mientras que la pequeña niña, oculta detrás de uno de los asientos, se tapaba los oídos.


Después de servir el vino, Alan volvió a saborear el cuello de la mujer de ojos verdes y le murmuró una promesa erótica. Ella soltó una risita debido a la loca ocurrencia de Alan, le acarició la entrepierna y le contó al oído una fantasía propia. Él sintió como la sangre borboteaba de excitación.

Sin pensarlo dos veces, la mano derecha de Alan apretó uno de los muslos de la chica mientras que la mano izquierda comenzaba a explorar la profundidad de su vestido.


La mamá de Susana murió en el hospital a causa de una severa golpiza, presentaba una contusión en el cráneo y hematomas por todo el cuerpo. Los oficiales ni siquiera intentaron consolar a la niña, solo la recogieron y la llevaron al ministerio público.

Después de eso, la pequeña Susana pisó una infinidad de orfanatos, pasando de tragedia en tragedia, sin soltar de su memoria el rostro de tres jóvenes.


Sin embargo, Alan fue interrumpido nuevamente cuando la mujer de ojos verdes le pidió que le sirviera una última copa.

Alan no perdió tiempo y rápidamente fue por la botella. Sirvió el vodka en la copa de la bella dama mientras la emoción dibujaba sonrisas en su rostro, tapó la botella, se medio acomodó el pelo y dio media vuelta con el trago servido…

En ese momento, la cabeza de Alan fue impactada por un objeto desconocido. El golpe aterrizó muy cerca de sus ojos, provocando que se le nublara la vista con un intenso color rojo. Una vez en el suelo, el objeto siguió estampandose en todo su cuerpo.

En medio de la tormenta de golpes, solo alcanzó a distinguir la luz de la lámpara, unos ojos verdes y uno de sus palos de golf estampandose frenéticamente contra él.

Después de un rato, la hermosa mujer de ojos verdes soltó el palo de golf y su mano temblorosa extrajo de su bolso una pequeña lista de papel.

Con un bolígrafo, tachó uno de los nombres escritos. Le quedaban dos…

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