Cuento: Las antenitas de papel

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El siguiente cuento infantil fue creado por la autora Ana Janet Branagan. “Las antenitas de papel” es un relato donde los niños aprenderán que no hay que avergonzarnos de nuestras diferencias, ya que estas son las que nos hacen personas únicas y especiales.

Las antenitas de papel

Esta historia se desarrolla en una colonia de hormigas, en el que casi todas debe realizar tareas similares. En la misma colonia todas las hormigas son muy parecidas… excepto Orfila.

Ella es una hormiga bastante especial: nació sin antenas. Su mamá le había fabricado unas antenas de papel. Con muy buena intención las hizo grandes y delgadas, ella quería que sus antenitas de papel fueran lo más parecidas a las verdaderas.

Sin embargo, las antenitas lucían muy graciosas y eran muy ruidosas. Por ejemplo, cuando Orfila salía de la colonia y hacía bastante viento, sus antenitas sonaban como si estuviera aplaudiendo.

Esto provocaba que las demás hormigas se rieran de Orfila. Incluso intentó amarrar sus antenas para que éstas no sonaran, pero como las hormigas, al estar trabajando, mueven mucho sus antenas, siempre terminaban desamarradas y haciendo mucho ruido.

Esta era una de las razones por la que las demás hormigas no querían estar junto a Orfila. Siempre la evitaban a la hora de formar los equipos de trabajo o de juego. Y cuando se repartían las tareas más importantes del día, ya sea buscar comida, explorar nuevos lugares, proteger el hormiguero de posibles intrusos o cuidar a las crías y huevos de la reina, las demás hormigas se las arreglaban para que siempre le tocara esta última tarea a Orfila, pues consideraban ese trabajo como algo muy aburrido y estresante.

No obstante, a Orfila si le gustaba cuidar las larvas y huevecillos, pues sabía que esa tarea era de gran importancia para la supervivencia de la colonia. Tenía una gran responsabilidad ya que de ella dependía el futuro del hormiguero.

Aunque claro, realizar este trabajo era algo muy agotador, sobre todo en épocas de frío extremo o de humedad, ya que los huevos y las larvas tienen que ser mudados a otra cámara con mejores condiciones y una mejor temperatura. Pero eso no le importaba a Orfila, le encantaba su oficio.

Sin embargo, en un día de mucho trabajo, Orfila se quedó dormida durante casi todo el día. Cuando despertó se dio cuenta de que estaba sola en el hormiguero, ni siquiera su mamá estaba ahí y eso que ella casi siempre esta a su lado por si se necesita algo.

Inmediatamente supuso que algo no andaba bien y que algo serio estaba ocurriendo. Decidió ir a investigar a la cocina de la colonia.

Qué raro, aquí siempre hay muchas hormigas preparando la comida. — Dijo asombrada.

Caminó hacia la bodega de alimentos. Entró con cautela mientras observaba con mucho cuidado el lugar. Entonces dijo:

¡Esto si que es bastante inusual. Aquí deberían haber muchas hormigas acomodando y ordenando la comida!

De repente, se acordó de la cámara donde se ponen los huevos y larvas, ahí si tiene que haber al menos una hormiguita ya que siempre esta custodiado el lugar.

Una hoja que hacía de puerta separaba el cuarto donde trabaja Orfila y ese lugar. ¡Estaba abierta, lo que pasaba era muy malo! Miro adentro y vio que los huevos y larvas estaban solos.

— ¡Oh, no! — Exclamó rápidamente, mientras sus antenas hacían gran ruido por lo agitada que estaba.

Antes de salir a revisar el lugar, se encargó de darles de comer a las larvas y dormirlas. También acomodó a los huevos para que nada malo les pasara y salió a averiguar que estaba pasando con todos.

Pero antes de salir a la superficie, Orfila se quitó las antenitas de papel para que no la estorbarán y para que no hicieran ruido.

Al salir, vio algo que la dejó aterrorizada. Un gran oso hormiguero estaba colocando a sus compañeras en un gran plato hondo… Lo peor es que ¡las hormigas eran las que iban a ese plato por su propia voluntad. Mientras tanto el oso hormiguero reía y decía:

¡Que inteligente soy! Me comeré unas hormigas hoy y dejaré otras para mañana. Ya me encargaré de los huevecillos y de las larvas otro día.

Mientras decía esto, hacia sonar una varita de madera, que parecía una flauta. Orfila escuchó la canción y fue cuando comprendió todo. El oso hormiguero hacía sonar esa flauta para hechizar a todas las hormigas de la colonia.

Que malvado y tramposo es ese oso hormiguero. Está tocando la música especial de la reina. — Dijo Orfila muy enojada.

El oso hormiguero sabía que la reina se había ido de la colonia y que las hormigas pensarían que con aquella música, era la reina quien les hablaba, pero como Orfila no tenía antenas de verdad, el sonido no tenía ningún efecto sobre ella.

Tengo que hacer algo antes de que se coma a todas mis compañeras — Dijo muy preocupada — ¡Oh, ya sé! — Se respondió a si misma con un gran entusiasmo.

Muy cuidadosamente, Orfila salió del agujero de la colonia con una espina muy larga y pesada. Con mucha cautela se paró cerca de las patas del oso hormiguero y la colocó.

¡Ay! ¡Mis patitas, me duele mucho! — Gritaba el oso hormiguero, mientras daba saltos y gritos de dolor.

Eso era lo que Orfila quería, que la pisara. Y al hacerlo, soltó su flauta y y el plato lleno de hormigas.


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Todas las compañeras de Orfila recobraron el sentido y se fueron directamente a atacar al malvado oso hormiguero. Como el estaba intentado quitarse la espina de la pata, no puso resistencia y mejor se fue corriendo.

Todos en la colonia estaban felices y agradecidos de que Orfila las hubiera salvado. Cuando la reina regresó, le contaron sobre la valentía de Orfila y la nombró Guardiana Oficial de la Ciudad de la Hormigas.

Orfila le dijo a su mamá que ya jamás se iba a volver a poner las antenas de papel, se dio cuenta que ser diferente fue lo que hizo que pudiera salvar a sus amigas. A partir de ese día iba a aceptarse como es, una hormiguita sin antenitas.

Fin

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