Llego en 10 minutos: Crónica de un feminicidio

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La siguiente crónica fue realizada con el fin de concientizar a la población sobre la gran violencia que sufren las mujeres en la actualidad. Los hechos descritos a continuación son ficticios. Es importante advertirte que contiene lenguaje explícito, escenas fuertes y no es apta para todo público.

Llego en 10 minutos: La historia que se repite todos los días

Que triste y difícil es ser mujer en México… un día estás en tu casa tranquilamente, viendo Facebook, videos de Tiktok o incluso viendo la televisión; y al otro, estás muerta, en un terreno baldío y con múltiples marcas de agresión sexual.

Y lo que más coraje me da es que muchas personas sigan creyendo que nosotras tenemos la culpa, que a los hombres los matan igual, que podemos exigir justicia de otros formas “más civilizadas” y un chingo de pendejadas más.

En verdad que el tan solo pensar que vivimos en un país donde matan a una mujer cada dos horas y en donde a los políticos les importa más un puto cuadro de Francisco Madero que la desaparición de mujeres y niñas es algo que me deprime bien cabrón.

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Vivimos con un continuo miedo… miedo a salir a la calle solas, miedo de vestirnos como queremos porque no falta el pinche acosador, miedo de salir con alguien y no regresar porque el tipo es un maldito enfermo, miedo a irnos en Uber porque el chofer ya se quiso pasar de verga… en fin, miedo a ser mujeres.

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Pero bueno, me imagino que todas estas cosas que te dije ya lo sabes y que probablemente no te importe. Has escuchado tanto la misma historia que ya te la sabes de memoria y te da igual. Por eso, esta vez no te quiero hablar de cifras ni de noticias de desapariciones de mujeres.

Hoy te quiero contar una historia, la historia de lo que muchas mujeres han pasado, pero que fueron calladas. Yo te la contaré de primera mano, ya que estoy cansada de que siempre nos callen. Esta vez, ni la muerte podrá silenciarme.

Un lunes cualquiera

Así comienza mi historia, es un lunes cualquiera en donde no hay nada importante que hacer más que ir a la escuela. Recuerdo que me levanté a las 4:30 am porque luego no me da tiempo para llegar a clases.

Entre que me bañé, me arreglé y estaba preparando mi desayuno, miré el reloj y vi que eran las 5:30 de la mañana

¡Ah la madre! se me va a volver hacer tarde. Chale, ya no podré desayunar. Ni pedo, tendré que aguantarme hasta al rato porque el profe de la primera hora es bien mamón.

Apenas me dio tiempo de irme a despedir de mi mamá. Ella entre sueños me dió su bendición y me dijo:

— Te vas con mucho cuidado mija, al rato nos vemos. Y córrele o si no otra vez llegarás tarde.

En serio que si hubiera sabido que ese era mi último día, ni siquiera hubiera ido a la escuela; me hubiera quedado con ella todo el tiempo, abrazándola y diciéndole que la amo un chingo. Pero bueno, yo sé que ya lo sabía y sé que siempre estaré en su corazón.

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Pero sigamos: cuando llegué a la escuela, todo era como siempre. Salude y platiqué con mis amigos, medio presté atención a la primera clase, me fui a desayunar porque ya tenía un buen de hambre, tomé mi segunda clase… en fin, la rutina del día a día.

Sin embargo, algo sí fue diferente ese día. El profesor de la última clase no llegó ya que había mucho tráfico (aja… seguramente se quedó dormido). Por lo cual me sentí muy feliz ya que podría regresar a casa más temprano y recuperar unas pocas horas de sueño.

Recuerdo que al salir de la escuela me encontré con Alexa, mi mejor amiga. Nos regresamos juntas, para echar chisme, y nos despedimos en la entrada del metro. Lo último que nos dijimos fue:

— Oye Alexa, antes de que te vayas ¿sabes si el examen de algebra es para mañana o para el miércoles?

— ¡Ay! no sé, pero ahorita que llegue a mi casa lo checo y te mando whats ¿va?

— Ay si por favor. Muchas gracias.

¡Ay Alexa! en serio que tu si eres una gran amiga. Sé que lloraste y sufriste mucho cuando desaparecí, pero quiero que sepas que a pesar de todo, estoy muy orgullosa de ti y siempre te llevaré en el corazón.

Llego en 10 minutos

Después de despedirme de mi amiga, tomé el metro y la combi que me dejaba a unas cuadras de mi casa.

Al bajarme de la combi, decidí mandarle un mensaje a mi mamá para que me preparará algo de comer ya que me moría de hambre.

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Aquí, es cuando comienza el martirio…

11:40 am

De la parada de la combi a mi casa, había una distancia de 5 cuadras, aproximadamente tardaría 10 minutos en llegar (tiempo suficiente para que estuviera caliente la comida).

Recuerdo que me baje de la combi y saque mi celular para mandarle ese mensaje a mi mamá.

En ese instante no note que esa pequeña distancia cambiaría el destino de mi vida. Sin embargo, las personas de la camioneta blanca ya lo habían notado.

11:45 am

Ya estaba muy cerca de mi casa. Solo me faltaba pasar dos cuadras e incluso puedo jurar que ya podía oler la rica comida que me esperaba (y que terminó enfriándose).

Justo cuando iba a cruzar la esquina vi que una camioneta blanca se me acercó. Al principio me dio miedo, pero seguí caminando con normalidad. Eso si, no le quitaba el ojo de encima. Más valía prevenir.

Sin embargo, cada vez estaba más cerca de mi. Intenté buscar un lugar o una persona que estuviera cerca para pedir auxilio, pero parecía que todo estaba en mi contra. No había ninguna alma que estuviera en la calle a esa hora.

El conductor bajó el vidrio, que por cierto estaba polarizado, y me comenzó a decir un chingo de pendejadas:

— Ay preciosa, ven te llevo a tu casa… ah irala, ¿eres sorda o porque no me contestas? Una muñequita como tu no debe estar tan solita…

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Yo hacía como que no escuchaba lo que el tipo me decía, pero estaba que me hervía la sangre. Sin embargo, también me estaba cagando del miedo. Sabía que tenía que correr y buscar ayuda, pero mi cuerpo no reaccionaba.

— ¡Maldita sea! ¿qué hago? ¡ay dios mío! por favor que esto no esté ocurriendo, no por favor.

De un momento a otro, el tipo subió su vidrio. Creí que como no le había hecho caso se iba a ir, no obstante, ocurrió lo contrario.

Un tipo se bajó de la puerta trasera. Vi que venía contra mi. Agarre fuerzas de no sé donde y comencé a correr y gritar con todas mis fuerzas, pero nadie vino.

El tipo alcanzó a agarrarme el brazo y me comenzó a jalar.

— A donde crees que vas, tu te vienes conmigo pendeja. No que muy chingona al ignorar a mi compa, ahora te voy a enseñar a respetar pinche chamaca pendeja.

— Suéltame pendejo, no por ser mujer no me sé defender—. Eso fue lo que le contesté antes de soltarle una buena patada entre los huevos. Cuando tu vida corre peligro, las peleas limpias son lo de menos. El tipo comenzó a doblegarse y solo pudo decir:

— ¡Ay hija de la chingada!

Antes de poder recuperar el aliento, vi que otro cabrón se bajó, esta vez era el copiloto.

Pero ahora, estaba llena de adrenalina. Luego luego de ver que se estaba bajando el otro pendejo comencé a correr y gritar. Pero de nuevo, nadie vino a mi auxilio.

Este cabrón corría un chingo, no le costó casi nada de trabajo alcanzarme. Me empujó y me tiro al piso. La caída hizo que me lastimara la pierna. Intenté pararme nuevamente, pero me dolía mucho.

El tipo se acercó y me comenzó a patear mientras decía:

— A mi ninguna pinche vieja me va a ganar. Estas por los huevos.

Casi no sentía las patadas, mi pensamiento era: escapa, como sea, pero escapa.

En eso llega el otro tipo (al que le di la patada en los testículos) y le dijo a su amigo:

— Ya wey, no mames, la vas a matar. A lo que venimos

Me comenzaron a jalar y al final me metieron en la camioneta. Yo ya no tenía muchas fuerzas y la pierna me dolía bastante.

11:48 am

Si, todo eso pasó en apenas 3 minutos. Yo todavía me encontraba en shock. No podía creer que lo que tanto anunciaban en las noticias sobre mujeres desaparecidas me estaba ocurriendo a mi.

Sin embargo, yo no estaba dispuesta a darme por vencida. Entre gritos y forcejeos intentaba a toda costa salir de aquella camioneta. Mi única esperanza para poder salir de esta situación era seguir luchando.

Estos tipos me comenzaron a golpear bruscamente (incluso me rompieron la nariz), sin embargo… seguía intentado escapar.

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Entre gritos y forcejeos, uno de ellos sacó una pistola y me dio un cachazo en la nuca.

Comencé a perder el conocimiento. Solo podía ver que uno me comenzaba a tocar las piernas, mientras que el otro me amarraba las manos con un lazo. Lo último que escuché antes de desmayarme fueron risas y un comentario del conductor:

— Así me gusta preciosa… flojita y cooperando.

Después de eso, no supe que más ocurrió durante el trayecto

11:50 am

A esta hora yo debería estar en casa dándole un beso a mi mamá, sentándome en la mesa para comenzar a comer y ver un rato algunos memes de Facebook y videos de Tiktok.

Pero no… en ese momento estaba viajando en una camioneta junto a unos desconocidos, con un destino totalmente distinto al que tenía pensado.

1:00 pm

Desperté muy desorientada. No sabía que estaba ocurriendo. Tardé en asimilar que en efecto… estaba secuestrada.

Lo primero que noté es que estaba en un cuarto muy oscuro. La única ventana que tenía daba muy poca luz y no se podía ver casi nada. En el suelo se encontraba ropa tirada, algunas botellas de cerveza, jeringas usadas, latas de thinner y sobre todo, mucha basura.

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A mi izquierda se encontraba una puerta (me imagino que era la puerta del baño, aunque nunca lo comprobé) y de mi lado derecho una pequeña mesita de madera con unos cigarros (creo que eran Camel) y otras jeringas usadas.

Yo me encontraba tirada en el suelo, con las manos y pies amarrados. Aunque intentaba soltarme, los lazos estaban muy apretados y no me quedaban fuerzas para seguir luchando.

Ya no sentía hambre… ni sueño. Estaba en un estado de shock en donde mi mente estaba completamente en blanco.

Comencé a sufrir las consecuencias de aquella pelea por mi libertad. La cara me dolía y casi no podía ver bien. Los ojos los tenía muy hinchados por la golpiza que me proporcionaron. La pierna no la podía mover. Además tenía un fuerte dolor en la nuca por el golpe que me dieron con la pistola.

Mi pantalón estaba bastante roto y se lograba notar algunos moretones e incluso quemaduras de cigarros.

Estaba muy débil para moverme, lo único que podía hacer era llorar y rezarle a Dios que me ayudará a salir de esto.

Entre la 1:10 y la 1:50 pm

No se cuanto tiempo había pasado, solo sabía que me encontraba sola en aquel cuarto. Dentro de mi pensaba: 

—Ojalá que esos hijos de puta se hayan muerto de una sobredosis y que por eso no estén aquí.

Después de un rato me puse a pensar en mi mamá. Pobrecita… ha de estar muy preocupada por mi… me ha de estar marque y marque a mi celular sin obtener respuesta.

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Nunca le demostré el cariño que ella se merecía. La extraño muchísimo y quisiera estar en este preciso momento con ella.

Entre llantos y gritos ahogados… me quede dormida. Ahora solo podía estar bien en mis sueños…

5:30 pm

Una patada en mi costilla izquierda me despertó. El tipo que me pateó (era un gordo de unos 40 años) me dijo:

—Mira la princesita, nada más viene a dormirse. Párate hija de tu puta madre que no te trajimos para que te la pases dormida.

Cuando pude levantar la cabeza, vi a aquel señor y sentí mucho miedo. Verlo con una camisa de tirantes blanca (que parecía gris por la suciedad), todo peludo del cuerpo, con una mirada psicópata y pervertida y pensar que podía hacerme lo que sea sin que nadie se enterara… me aterró profundamente.

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Mi cuerpo no reaccionó y las únicas palabras que pude decir fueron:

—No me hagan daño por favor.

Sin embargo, el ni siquiera me escuchó. Solo se rio y comenzó a tocarme el cuerpo.

5:35 pm

Los mismos tres pendejos de la camioneta entraron al cuarto. Uno de ellos comenzó a desamarrarme los brazos y los pies… mientras que otro traía una colchoneta bastante sucia y rota.

—Mira mi reina, nosotros no queríamos hacerte daño, pero tu no te dejaste. Si te portas bien y haces bien tu chamba, te soltamos y ahí muere.

El tipo se enfureció bastante al ver que no le respondía. Me dio una cachetada.

— Por favor, no me hagan nada. Les pido de favor que me suelten, solo quiero ir a casa…

El llanto no me dejaba hablar bien. Estaba aterrada. Todo el cuerpo me temblaba…

De repente, el señor gordo de 40 años me levantó y me rompió la blusa. Me dijo que yo sola podía quitarme lo demás.

Con las manos temblorosas y pidiéndoles que por favor no me hicieran hacer eso (aunque fue inútil), poco a poco me bajé el pantalón. Intentaba no llorar, pero las lágrimas pudieron más que yo.

Al ver lo que estaba a punto de ocurrir deseaba con toda mi alma que hicieran lo mismo que en la camioneta. Quería que alguien me pegara tan duro como para perder el conocimiento y no vivir en carne propia lo que estaba a punto de ocurrir. Sin embargo, eso no pasó…

En algún momento de la noche

No sé en que momento de la noche me quede dormida. Tal vez fue después de aquel momento desagradable… o tal vez durante ese momento…

Lo único que sé es que cuando desperté ya no sentía dolor… miedo… tristeza. Me sentía muy tranquila.

Al voltear a los lados vi que todos esos desgraciados estaban dormidos (aunque parecían muertos… ojalá se hubieran muerto los malditos).

No podía desaprovechar mi oportunidad de escapar. Mi cuerpo ya no estaba cansado… así que me levanté lo más rápido posible y sin hacer el menor ruido me acerque a la puerta que separaba ese cuarto hostil de mi libertad.

Esos 10 pasos que di hasta la puerta fueron los más gratificantes de mi vida. Y aunque sabía que corría peligro, estaba feliz porque en verdad iba a poder regresar con mi mamá.

Pero justo al llegar a la puerta y tomar el picaporte, una sensación pasó por mi y como si fuera un reflejo, volteé a ver aquella colchoneta en donde se encontraban esos hijos de puta.

Para mi sorpresa… no solo vi a los tipos durmiendo… sino que también vi mi propio cuerpo… tirado… golpeado… maltratado…

En ese momento entendí todo… supe porque ya no me sentía cansada, ni con dolor… supe… que ya estaba muerta.

3 días después

Han pasado tres días desde que me asesinaron. Ninguno de esos bastardos se acuerda de que pasó. Para ellos mi muerte solo fue “una pasada de mano”.

Lo que me da tristeza no es el hecho de que mi cuerpo fue tirado en un terreno baldío… no… lo que me da verdadera tristeza es saber que ni mi madre, ni mi mejor amiga Alexa podrán encontrar mi cuerpo jamás… seguirán buscándome hasta que ya no les queden fuerzas

Lo que me reconforta es saber que ellas y muchas otras mujeres no se quedarán calladas. A pesar de lo que la gente diga, ellas seguirán rayando, gritando y destruyendo lo que sea necesario para exigir justicia.


Dedicado a todas las mujeres que han sido víctimas de feminicidios en México y en el mundo. Su lucha siempre será nuestra lucha.

#NIUNAMÁS


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